Al ser humano por naturaleza no nos gustan los cambios porque buscamos constantemente la seguridad y la comodidad.
En nuestra vida diaria hacemos constantemente elecciones y decisiones, sin embargo, el tomar decisiones es relativamente sencillo, si lo comparamos con lo que nos cuesta implementarlas en nuestra vida. La mayoría de nosotros ha “decidido” llevar una vida saludable; mejorar las relaciones con la pareja y las interpersonales; aumentar los conocimientos; avanzar en nuestra vida laboral, etc. Pero el desafío está en llevar a cabo estas elecciones.
Escucharnos a nosotros mismos y conocernos en profundidad es fundamental si queremos tomar nuestro propio camino, camino que muchas veces no se ajusta a los papeles preestablecidos como correctos por la sociedad y por quienes nos rodean. Se necesita la valentía de no vivir sujetos a la imagen ni a lo que los demás consideren que es lo correcto, y desde ahí avanzar por nuestro camino sin tener que parecer «perfectos».
Es necesario tomar decisiones laborales, de pareja y familia, de los roles femeninos-masculinos, de relación con los otros, de uso y ganancia del dinero, que partan desde la elección personal y no desde esquemas dictados por la sociedad.
En el transcurso de la vida muchas veces perdemos contacto con una motivación personal y es ahí cuando atravesaremos por etapas en las que nos sentiremos perdidos y desorientados. El dolor, la confusión, el perderse, forman parte del caminar humano y es en estos momentos cuando tenemos que tomar conciencia de quiénes somos, a dónde queremos estar, para qué nos levantamos todos los días y qué acciones debemos realizar para llegar a donde queremos.
Solo quien se conoce y acepta, aprendiendo a conducir sus temores, puede verse libre de ataduras e influencias de una cultura como la nuestra que se centra en el consumo, estatus y éxito. Si seguimos estas normas de la sociedad y nos dejamos llevar por los intereses que nuestro entorno tiene pensado para nosotros (nuestros padres, profesores…) todo lo que conseguiremos será llevar una vida insatisfactoria. Es esto lo que vemos en muchas personas que aparentemente deberían ser felices, puesto que tienen todo aquello que querían tener y sin embargo no consiguen serlo, aunque se ocultan en una máscara de felicidad ya que viven con la frustración de no ser quienes querían ser.
Afortunadamente nunca es tarde; siempre podemos elegir el comenzar a escuchar nuestra voz interna. Si nos escuchamos, podemos aprender el lenguaje del Yo interno que todos tenemos dentro, y cuando lo hagamos, recibiremos algo que no encontraremos en ningún otro lado: nuestra fuerza oculta.
Empieza a tomar decisiones para tu vida, la que está sucediendo en este momento. ¿Qué te gustaría hacer? ¿Qué tienes que hacer para lograrlo?
¡Siempre se puede elegir!




